Estaba una vez un joven preparándose para ir a sus andares. Su madre lo veía desde su mesedora y lo reprendía.
-Así te apuraras en hacer tus quehaceres- le decía, -farol de la calle-.
- ya ma, no se enoje, mejor pinte una sonrisa en su boquita de rosa y hécheme sus bendiciónes- contestaba el mancebo, ya arreglado y con la chaqueta puesta.
- semejantes disparates son los que dices- decía ruborizada la madre -ánda, con cuidado y regresa temprano que tienes que hacer tu cuarto-
-no me lo va a creer, hoy que regresé estaba ya todo limpio y acomodado-
-no me digas-
- por esta-
- puede que "las hadas" se acomidieron a limpiar tu desorden- decía la señora madre, y se reía de su chiste.
Qué oportuna ocurrencia la de las hadas, si hubiera sabido la señora que ellas eran las que, en realidad hacían el quehacer de su hijo; que enamorando a una hada y enemorándose de ella era como pasaba los momentos de su felíz vida.
Qué hubiera dicho aquella madre al ver ese cuadro de felicidad, en que aparecía su hijo amando a esa mujer hetérea con alas pegadas a la espalda y con ojos de corteza de nogal que brillaban como brilla la obsidiana, negra y vidriosa piedra de la tierra fértil.
En fin, qué importaba lo que hubiera dicho la madre, si al fin y al cabo el amor de aquella hada y aquel hombre era siempre tan secreto como apasionado.
jueves, 9 de diciembre de 2010
lunes, 22 de noviembre de 2010
El fósforo...
Una vez se enfrentaron un bate de béisbol y un fósforo de madera. El bate dio varios golpes tratando de aplastar al minúsculo fósforo, pero no atinó ningún golpe. El fósforo, mil veces más pequeño, decidió encender su cabecita y prender fuego a su enemigo.
El gigantesco bate ardió hasta que quedaron sólo cenizas; el fósforo, al no tener ya cabeza, perdió el sentido de su existencia...
El gigantesco bate ardió hasta que quedaron sólo cenizas; el fósforo, al no tener ya cabeza, perdió el sentido de su existencia...
miércoles, 9 de junio de 2010
Las llaves del mundo de los antiguos.
Hay quienes dicen que las criaturas como los dragones nunca existieron, que sólo forman parte de los mitos de las culturas antiguas que necesitaban creer en algo sobrenatural para poder explicar lo que no entendían… pero eso no es lo que yo descubrí hace algún tiempo.
Resulta que caminando por el campo me encontré con un anciano sabio que me habló, me preguntó que si yo creía en los dragones, y yo sin vacilar dije que sí, que los había visto y que incluso había montado uno. Él pareció interesarse por mi respuesta; me preguntó a dónde los había encontrado, yo le dije que en mi pensamiento existían todo tipo de criaturas, algunas amigables, otras feroces y aterradoras, pero que yo había aprendido a tratarlas y no me habían hecho daño.
Así fue como conocí al anciano de las montañas, la vez que él salió de su escondite en busca de un pupilo que lo siguiera y que atrapara sus conocimientos y pensamientos.
Lo seguí durante mucho tiempo, habré tenido unos diez años cuando decidí ir en busca de saber, siempre detrás de él, siempre pisando sus huellas, siempre absorbiendo su saber.
Un día estábamos sentados en lo más alto de un cerro esperando a que llegara el amanecer, sólo por verlo, para entender la armonía de la naturaleza de todos los días. Él me dijo que aquel día visitaríamos un mundo desconocido para la mayoría de los humanos, sacó unas llaves de su morral y me las dio; parecían ser muy muy viejas, me dijo que eran las llaves que abrían las puertas al mundo de los antiguos.
-¿Y qué son los antiguos?- pregunté. Me dijo que eran los seres que habían habitado nuestro mundo desde antes de que existiéramos nosotros, habitaron la tierra en los tiempos remotos y en los tiempos anteriores a ellos.
También me dijo que eran poderosos hechiceros y poseedores de una sabiduría infinita. Pero que en una ocasión abrieron un portal que los condujo al mundo en el ahora vivían, y por eso dejaron este mundo libre para los hombres.
> > < <
Llegamos hasta una puerta inmensa, estaba colocada de tal manera que parecía una de la altas paredes del precipicio, casi no entraba luz hasta allá abajo, y de vez en cuando se escuchaban rugidos quién sabe que de qué extraños seres.
El anciano sacó las llaves y metió la más grande en el cerrojo, que crujió varias veces en el momento en que la llave giraba dentro. La puerta se abrió, entramos y nos encontramos con un círculo enorme dibujado en el suelo. Mi trabajo era cubrir su contorno de sal para que nos sirva de protección contra los malos espíritus que habitaban ese lugar.
El anciano recitó un conjuro, no entendí lo que dijo, pero cuando terminó, se partió la tierra dentro del círculo y dejó el paso libre para llegar a la segunda puerta, esta era pequeña, para abrirla el anciano usó la llave mediana. Cuando entramos sentí frío, de ese frío que cala los huesos; que hace que el alma se sienta desprotegida.
De pronto apareció uno de los habitantes de ese lugar, era un hombre como de unos seis metros de altura, tenía alas pegadas a la espalda y llevaba una espada de fuego en la mano, preguntó qué hacíamos ahí, bajamos la cabeza en señal de respeto y el anciano dijo con voz firme “El fuego interno es tan poderoso como el de mil dragones juntos”; hasta ahora no entiendo el significado de esas palabras, supongo que fueron como una especie de contraseña, por que el gigante se hizo a un lado al tiempo que decía “Entra pero ten presente que no eres parte de esto” al momento no entendí tampoco esta palabras, lo haría mas adelante.
Llegamos a la tercera puerta, para la que el anciano utilizó la llave más pequeña. Antes de abrirla dio un suspiro y me dijo que me preparara para lo que sea… entramos al mundo de los antiguos.
> > < <
Al principio no pude ver nada, una densa nube de humo cubría todo, sólo veía al anciano que caminaba a prisa delante de mí, conforme avanzábamos la vista de hacía más clara, al fin pude ver algo, tierra quemada, sólo eso.
Caminamos mucho tiempo, y me enteré de que los que habían quemado la tierra habían sido dragones, el anciano dijo que me cuidara bien, que no dejara que me vean pues estos no eran como los de mi pensamiento, estos me destrozarían en menos de un minuto.
-¿A dónde vamos?- pregunté.
-A ver a los antiguos- contestó él - A recordarles que aún hay hombres en la tierra-
Después de caminar no sé cuanto tiempo más, llegamos hasta un círculo de piedras enormes y nos sentamos dentro de ellas, a esperar a que ellos llegaran. Entonces el anciano me dio las llaves y me dijo que las guardara, que bajo ningún motivo las dejara.
El sol se puso, la oscuridad se hizo presente; y con ella llegaron. Eran altísimos, sólo pude ver eso porque el anciano me había dicho que no los mirara directamente, que no les gustaba que los miren.
Ellos nos miraban fijamente, como si esperaran que hiciéramos algo. El anciano se levantó de donde estaba, pero antes de que se ponga de pie, ellos golpearon tan fuerte con sus pies que la tierra tembló, el anciano cayó, me dijo casi con un susurro que ellos estaban furiosos, que no nos iban a dejar ir.
Sentí miedo ante la idea de quedar atrapado en ese mundo, no quería permanecer prisionero. Traté de acatar todas las órdenes que me dio el anciano, pero no pude cumplir la más importante: la de permanecer en calma, sin gestos, ni movimientos de mostraran mi miedo.
En cuanto uno de los antiguos bajó su cabeza para mirarme a los ojos, entré en pánico y eché a correr escabulléndome por entre los demás antiguos. El anciano me siguió para protegerme, ellos volaban por encima de nosotros con sus cuerpos como de oscuras nubes.
Uno de los antiguos dio un alarido que retumbó por los cielos, y los dragones llegaron a rodearnos, horribles y enormes llamas de fuego salían de ellos.
Antes de que pudieran atraparnos el anciano me dijo que no podríamos salir de ahí los dos juntos, que me sacaría y que después yo tendría que regresar por él.
Los dragones nos cerraron el paso, los antiguos venían detrás, el anciano sacó una botella con un polvo azul. Antes de que pasara lo peor, vació en mí el polvo, grito una palabras que desconocí; yo agarré con fuerza las llaves que me llevarían de regreso a ese lugar algún día, y sentí cómo un torbellino de luz me levantó y me trajo de vuelta a la tierra, su luz era tan cegadora que me tapé los ojos con las dos manos y sin querer solté las llaves.
Ahora vivo buscando la manera de volver a entrar a ese mundo, para liberar al anciano de las montañas. No sé si lo logre, pero no quiero que mi tiempo de vida se acabe sin que yo pueda verlo de nuevo…
Resulta que caminando por el campo me encontré con un anciano sabio que me habló, me preguntó que si yo creía en los dragones, y yo sin vacilar dije que sí, que los había visto y que incluso había montado uno. Él pareció interesarse por mi respuesta; me preguntó a dónde los había encontrado, yo le dije que en mi pensamiento existían todo tipo de criaturas, algunas amigables, otras feroces y aterradoras, pero que yo había aprendido a tratarlas y no me habían hecho daño.
Así fue como conocí al anciano de las montañas, la vez que él salió de su escondite en busca de un pupilo que lo siguiera y que atrapara sus conocimientos y pensamientos.
Lo seguí durante mucho tiempo, habré tenido unos diez años cuando decidí ir en busca de saber, siempre detrás de él, siempre pisando sus huellas, siempre absorbiendo su saber.
Un día estábamos sentados en lo más alto de un cerro esperando a que llegara el amanecer, sólo por verlo, para entender la armonía de la naturaleza de todos los días. Él me dijo que aquel día visitaríamos un mundo desconocido para la mayoría de los humanos, sacó unas llaves de su morral y me las dio; parecían ser muy muy viejas, me dijo que eran las llaves que abrían las puertas al mundo de los antiguos.
-¿Y qué son los antiguos?- pregunté. Me dijo que eran los seres que habían habitado nuestro mundo desde antes de que existiéramos nosotros, habitaron la tierra en los tiempos remotos y en los tiempos anteriores a ellos.
También me dijo que eran poderosos hechiceros y poseedores de una sabiduría infinita. Pero que en una ocasión abrieron un portal que los condujo al mundo en el ahora vivían, y por eso dejaron este mundo libre para los hombres.
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Llegamos hasta una puerta inmensa, estaba colocada de tal manera que parecía una de la altas paredes del precipicio, casi no entraba luz hasta allá abajo, y de vez en cuando se escuchaban rugidos quién sabe que de qué extraños seres.
El anciano sacó las llaves y metió la más grande en el cerrojo, que crujió varias veces en el momento en que la llave giraba dentro. La puerta se abrió, entramos y nos encontramos con un círculo enorme dibujado en el suelo. Mi trabajo era cubrir su contorno de sal para que nos sirva de protección contra los malos espíritus que habitaban ese lugar.
El anciano recitó un conjuro, no entendí lo que dijo, pero cuando terminó, se partió la tierra dentro del círculo y dejó el paso libre para llegar a la segunda puerta, esta era pequeña, para abrirla el anciano usó la llave mediana. Cuando entramos sentí frío, de ese frío que cala los huesos; que hace que el alma se sienta desprotegida.
De pronto apareció uno de los habitantes de ese lugar, era un hombre como de unos seis metros de altura, tenía alas pegadas a la espalda y llevaba una espada de fuego en la mano, preguntó qué hacíamos ahí, bajamos la cabeza en señal de respeto y el anciano dijo con voz firme “El fuego interno es tan poderoso como el de mil dragones juntos”; hasta ahora no entiendo el significado de esas palabras, supongo que fueron como una especie de contraseña, por que el gigante se hizo a un lado al tiempo que decía “Entra pero ten presente que no eres parte de esto” al momento no entendí tampoco esta palabras, lo haría mas adelante.
Llegamos a la tercera puerta, para la que el anciano utilizó la llave más pequeña. Antes de abrirla dio un suspiro y me dijo que me preparara para lo que sea… entramos al mundo de los antiguos.
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Al principio no pude ver nada, una densa nube de humo cubría todo, sólo veía al anciano que caminaba a prisa delante de mí, conforme avanzábamos la vista de hacía más clara, al fin pude ver algo, tierra quemada, sólo eso.
Caminamos mucho tiempo, y me enteré de que los que habían quemado la tierra habían sido dragones, el anciano dijo que me cuidara bien, que no dejara que me vean pues estos no eran como los de mi pensamiento, estos me destrozarían en menos de un minuto.
-¿A dónde vamos?- pregunté.
-A ver a los antiguos- contestó él - A recordarles que aún hay hombres en la tierra-
Después de caminar no sé cuanto tiempo más, llegamos hasta un círculo de piedras enormes y nos sentamos dentro de ellas, a esperar a que ellos llegaran. Entonces el anciano me dio las llaves y me dijo que las guardara, que bajo ningún motivo las dejara.
El sol se puso, la oscuridad se hizo presente; y con ella llegaron. Eran altísimos, sólo pude ver eso porque el anciano me había dicho que no los mirara directamente, que no les gustaba que los miren.
Ellos nos miraban fijamente, como si esperaran que hiciéramos algo. El anciano se levantó de donde estaba, pero antes de que se ponga de pie, ellos golpearon tan fuerte con sus pies que la tierra tembló, el anciano cayó, me dijo casi con un susurro que ellos estaban furiosos, que no nos iban a dejar ir.
Sentí miedo ante la idea de quedar atrapado en ese mundo, no quería permanecer prisionero. Traté de acatar todas las órdenes que me dio el anciano, pero no pude cumplir la más importante: la de permanecer en calma, sin gestos, ni movimientos de mostraran mi miedo.
En cuanto uno de los antiguos bajó su cabeza para mirarme a los ojos, entré en pánico y eché a correr escabulléndome por entre los demás antiguos. El anciano me siguió para protegerme, ellos volaban por encima de nosotros con sus cuerpos como de oscuras nubes.
Uno de los antiguos dio un alarido que retumbó por los cielos, y los dragones llegaron a rodearnos, horribles y enormes llamas de fuego salían de ellos.
Antes de que pudieran atraparnos el anciano me dijo que no podríamos salir de ahí los dos juntos, que me sacaría y que después yo tendría que regresar por él.
Los dragones nos cerraron el paso, los antiguos venían detrás, el anciano sacó una botella con un polvo azul. Antes de que pasara lo peor, vació en mí el polvo, grito una palabras que desconocí; yo agarré con fuerza las llaves que me llevarían de regreso a ese lugar algún día, y sentí cómo un torbellino de luz me levantó y me trajo de vuelta a la tierra, su luz era tan cegadora que me tapé los ojos con las dos manos y sin querer solté las llaves.
Ahora vivo buscando la manera de volver a entrar a ese mundo, para liberar al anciano de las montañas. No sé si lo logre, pero no quiero que mi tiempo de vida se acabe sin que yo pueda verlo de nuevo…
martes, 8 de junio de 2010
(((ReLato de un aLma nOctuRna)))
Aquella noche la ví, ví su figura al reflejo de la luna, estaba como mirando a lo lejos, con su mirada oscura y amarga. Estaba cubierta con un rebozo, su cara como seca, como pegada al hueso. Y un silencio de muerte invadio la noche, y la neblina acompañó su soledad. Caminó imperturbable hacia la puerta de la iglesia...y se quedó allí, como quieta, inmóvil.
Entonces me acordé de las palabras de mi tío, cuando me dijo que él ya la había visto una vez, que ella se había parado enfrente de él y que él había visto que no tenía pies, que flotaba en el aire... que era algo sobrenatural. La miré hacia abajo, ví que era cierto, estaba como flotando, la neblina alrededor la abrazaba, era una visión tétrica.
Tan de repente como la luz de un relámpago y tan profundo como el trueno, un grito, un lamento razgó el silencio.Me quedé paralizado, hasta ese momento llegué a preguntarme ¿Por qué?, ¿Por qué la había estado observando? ¿Por qué en otros momentos había dicho que la quería ver?,¿Por qué me había mantenido despierto esperando?, entonces ya no me importó nada, sólo quería irme, pero no me pude mover, era como si el terror se hubiera apoderado de mi cuerpo. como si me estuviera obligando a verla...
domingo, 25 de abril de 2010
"Cuatro cuartetos al amor."
¿A dónde me llevas, amor de locura?
a dónde me llevas ¡Hablad por favor!
¡Mirad que no puedo seguirte los pasos!
¡Me ata este lazo de miedo y dolor!
-Seguidme confiado hasta un mundo escondido,
¡Un mundo alejado de la fría soledad!
Allá en los alcores do el tiempo descansa,
olvida aquel miedo que te hace penar.
¡No puedo seguirte! Perdóname amor,
soy débil, pequeño y con poco valor.
Me da miedo amarte, me da miedo estar
pensando en que un día te pueda fallar,
-Mejor sólo piensa en dejarte llevar
oíd tus impulsos, venid sin pensar,
no intentes ni pienses tu gozo acallar
recuerda que sólo una vez vivirás.
a dónde me llevas ¡Hablad por favor!
¡Mirad que no puedo seguirte los pasos!
¡Me ata este lazo de miedo y dolor!
-Seguidme confiado hasta un mundo escondido,
¡Un mundo alejado de la fría soledad!
Allá en los alcores do el tiempo descansa,
olvida aquel miedo que te hace penar.
¡No puedo seguirte! Perdóname amor,
soy débil, pequeño y con poco valor.
Me da miedo amarte, me da miedo estar
pensando en que un día te pueda fallar,
-Mejor sólo piensa en dejarte llevar
oíd tus impulsos, venid sin pensar,
no intentes ni pienses tu gozo acallar
recuerda que sólo una vez vivirás.
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