Una vez se enfrentaron un bate de béisbol y un fósforo de madera. El bate dio varios golpes tratando de aplastar al minúsculo fósforo, pero no atinó ningún golpe. El fósforo, mil veces más pequeño, decidió encender su cabecita y prender fuego a su enemigo.
El gigantesco bate ardió hasta que quedaron sólo cenizas; el fósforo, al no tener ya cabeza, perdió el sentido de su existencia...
No hay comentarios:
Publicar un comentario